Por Juan Shehin
El fútbol mueve pasiones como ningún otro fenómeno humano. Exactamente por eso, durante décadas, un grupo reducido de funcionarios convirtió ese poder emocional en su caja registradora personal.
Los orígenes: dinero, derechos y silencio cómplice
La corrupción en FIFA tiene raíces que se remontan a 1974, cuando el entonces presidente João Havelange inició los primeros esquemas de comercialización de derechos de medios con intermediarios privados. La empresa elegida fue ISL (International Sport and Leisure), creada para revender los derechos de transmisión de los Mundiales a cadenas de todo el mundo.
Según documentos judiciales suizos, Havelange —presidente de FIFA de 1974 a 1998— y su yerno Ricardo Teixeira recibieron aproximadamente $42 millones en sobornos entre 1992 y 2000 a cambio de derechos de transmisión. Solo entre 1992 y 1997, Teixeira cobró al menos 12.74 millones de francos suizos, y Havelange recibió 1.5 millones de francos en 1997.
ISL quebró en 2001. Los sobornos quedaron registrados en documentos suizos. Nadie fue a prisión.
Sepp Blatter: el maestro de la supervivencia
El comité de ética confirmó que ISL pagó sobornos durante ocho años a tres figuras poderosas dentro de FIFA, incluyendo a Havelange, quien era padrino político de Blatter. Sin embargo, Blatter se mantuvo en el poder y fue reelecto presidente en múltiples ocasiones.
En mayo de 2002, el secretario general de FIFA Michel Zen-Ruffinen produjo un dossier de 30 páginas con ocho cargos contra Blatter por prácticas contables engañosas y conflictos de interés. El dossier fue ignorado.
Qatar 2022: el escándalo más caro de la historia
En diciembre de 2010, FIFA adjudicó el Mundial 2018 a Rusia y el 2022 a Qatar. Seis miembros del comité ejecutivo fueron suspendidos antes de la votación después de que el Sunday Times reportara que ofrecieron vender sus votos por dinero.
En junio de 2014, el mismo periódico reportó haber recibido cientos de millones de documentos que revelarían que el exejecutivo de FIFA Mohamed bin Hammam realizó pagos a funcionarios de fútbol a cambio de votos para Qatar.
Mayo 2015: la gran redada
El 27 de mayo de 2015, el Departamento de Justicia de Estados Unidos reveló una acusación de 47 cargos en 164 páginas contra siete ejecutivos de FIFA por haber recibido $150 millones en sobornos durante más de dos décadas. El FBI y el IRS coordinaron con agencias policiales y diplomáticos en 33 países para descubrir un caso internacional de sobornos y comisiones ilegales vinculados a funcionarios de FIFA.
Entre los arrestados en el hotel Baur au Lac de Zúrich: vicepresidentes, directivos de confederaciones, ejecutivos de marketing. El circo se caía a pedazos.
El escándalo terminó las carreras de dos de los hombres más poderosos del fútbol: el presidente de FIFA Sepp Blatter y el presidente de UEFA Michel Platini, ambos suspendidos por ocho años de toda actividad relacionada con el fútbol.
La lección que nadie aprende
El fútbol no es solo un deporte. Es política, televisión, petróleo y votos. Cada Mundial es una negociación de intereses nacionales disfrazada de fiesta popular. Los aficionados ponen la pasión. Otros ponen el precio.
Desde sus modestos inicios en 1904 con un puñado de países, FIFA creció hasta tener 211 asociaciones miembro en los años 2020 —más que la propia ONU con 193 países—. Ese poder sin rendición de cuentas fue exactamente el problema.
La pregunta no es si FIFA fue corrupta. La pregunta es: ¿alguien realmente creyó que no lo era?
Fuentes: U.S. Department of Justice (2015) • Britannica • BBC Panorama • ESPN • CNN • IBTimes • Swiss Federal Court documents.
