Por: Elvira Sanchez Blake
Me pregunto si los votantes que esperaban un auge económico, mayores ofertas laborales y la promesa de “hacer América grande otra vez”, no recuerdan con nostalgia la época de Biden cuando la economía se mantenía estable, reinaba el orden político y constitucional, y se apreciaba una bonanza en el mercado de valores.
Y comenzó el horror. Y viene con todo. Nada de lo que está pasando es una sorpresa para nadie. Todos sabíamos que el mangante se impondría desde el primer minuto de su mandato con su prepotencia, poder y alevosía para vengarse del país y del mundo por la afrenta imperdonable de no haberlo reelegido en el 2020. Su segundo mandato comenzó con Venganza.
El proyecto 2025 se está implementando paso a paso, tal como estaba planeado. En los primeros dos meses el mandatario ha firmado más órdenes ejecutivas que los suscritos por Biden en todo su gobierno. El mismo día en que asumió la presidencia firmó la orden que elimina el derecho a la ciudadanía por nacimiento y expidió la declaración de emergencia de seguridad nacional en la frontera sur. Declaró que sólo existen dos sexos, y eliminó el término “género” del diccionario. Borró de un plumazo los programas de Diversidad, Igualdad e Inclusión (DEI) de los organismos federales y eliminó los derechos de la población LGTBQ+ con la amenaza de perseguir a los funcionarios que no obedezcan o intenten cambiar los nombres de los programas que protegen la diversidad o la Afirmative Action.
Uno de sus primeros mandatos fue perdonar a todos los criminales que participaron en la insurrección del 6 de enero. Muy conveniente para sus propósitos de contar con mercenarios bien entrenados, desprovistos del más mínimo escrúpulo en caso de necesidad. Y por supuesto, ya ordenó a sus alfiles llevar a cabo la venganza contra sus enemigos internos. Los congresistas que hicieron parte del comité del 6 de enero, así como sus opositores políticos, entre los que se cuentan periodistas, testigos, declarantes en sus numerosos casos judiciales y funcionarios que se hayan opuesto o mostrado alguna crítica a sus actos. Todos ellos están en la famosa lista negra esperando la condena. En el proceso, varios periodistas del Washington Post y otros medios se han visto amenazados y obligados a suspender sus columnas de opinión.
Su promesa de campaña, la persecución contra los inmigrantes, inició su arremetida implacable. Comenzó con la emergencia de seguridad; movilización de tropas en los límites de la frontera con México; redadas contra inmigrantes en negocios, que ha continuado en escuelas e iglesias. Es decir, se cumple la promesa de detención arbitraria contra todo aquel con perfil hispano o de piel oscura, con la autoridad otorgada a los oficiales del ICE para detener, amedrentar y deportar. Esto se suma a la orden de eliminar el parole humanitario para migrantes de Cuba, Venezuela, Nicaragua y Haití a partir de abril y de cancelar la figura de asilo político y protección humanitaria para los refugiados con asilo político.
En el segundo mes el mandatario arreció su campaña contra los venezolanos, acusando a todo aquel mayor de 14 años y con algún tatuaje de ser miembros del Tren de Aragua. Las detenciones de más de 250 hombres jóvenes han sido completamente arbitrarias; la mayoría de ellos detenidos sin ningún antecedente penal. Los venezolanos son enviados sin ningún proceso judicial a la cárcel de máxima seguridad de El Salvador en condiciones deshumanizantes. Pese a los pedidos de varios jueces federales para impedir y bloquear las detenciones, las autoridades han ignorado las peticiones y arreciado las persecuciones.
Y ni hablar de la guerra comercial que el gobierno ha desatado contra el mundo. La imposición de aranceles a los productos de importación de todos los países, excluyendo a Rusia, ha generado un caos inimaginable en el mercado de valores. La primera semana de abril comenzó con la mayor baja de las bolsas desde el 2008. La volatilidad se ha mantenido en alzas y bajas constantes del mercado impulsadas únicamente por los cambios inesperados de planes del magnate, que varían de un día a otro. Todo esto ocurre mientras Elon Musk, desmantela las dependencias y agencias del gobierno federal con el organismo creado para tal fin: DOGE. Tal como se plantea en el Project 2025, los organismos del estado están siendo desmontados uno a uno sin que nadie pueda oponerse. Musk y sus alfiles tecnócratas van de agencia en agencia, decidiendo quién va y quién se queda, como si se tratara de un juego de pelota.
Los desmanes y arbitrariedades serían impensables en cualquier otro contexto. Todos sabemos que fue Musk el que hizo posible que el magnate se instaurara en el poder mediante una estrategia finamente calculada de Inteligencia Artificial que hasta ahora nadie se atreve a cuestionar. Me pregunto si los votantes que esperaban un auge económico, mayores ofertas laborales y la promesa de “hacer América grande otra vez”, no recuerdan con nostalgia la época de Biden cuando la economía se mantenía estable, reinaba el orden político y constitucional, y se apreciaba una bonanza en el mercado de valores.
Es evidente que el magnate está utilizando el arma que él anunció que obraría como su instrumento de poder: el miedo. A nadie debería sorprender. Las órdenes ejecutivas reflejan el Proyecto 2025 de la Fundación Heritage que le otorgó una hoja de ruta para una agenda altamente extremista, no solo en inmigración sino en los rubros de derechos reproductivos, energía, educación, derechos laborales, civiles, y otras áreas. Así, se ha previsto el segundo mandato con precisión, cálculo y maldad para imponer un estado de supremacismo blanco fascista y poderoso en extremo.
Lo increíble es que la gente se sorprenda. Se les dijo, se les advirtió, se les previno. ¿Esto era lo que querían? Un mandato opresivo bajo las riendas de un tirano con un mínimo o nada de resistencia por parte de la población amedrentada. Es decir, un régimen sin democracia y con miedo: El régimen del terror.
